
SE murió Victoriano Crémer, memoria viva de la ciudad de León. Grandes artículos y hermosas portadas le rinden homenaje. Hace año y medio murió Carnicer, hace unos meses Antonio Pereira y ahora, Crémer. León se queda sin palabras. Nos salva la columna de
Pedro Trapiello.
Estás y se te espera 28/06/2009
Fuiste dueño de tu muerte, tu más leal compañera... tantas veces requebrándote, quebrantándote la fe, prescribiéndose en tu biografía, milaneando tu aire sin amilanarte el resuello, muerte con correajes y pistolón fascistorro, muerte de paseado que el cielo indulta, muerte de esposa y madre que se te alojó costilla adentro, muerte de tantos que te fueron dejando solo, esa muerte que ayer logró besarte porque se te ocurrió dormirte un rato...
Pero es también una muerte mentira, querido Vik, como la de Pereira,con el que sin duda has escaqueado presencias y andáis por ahí fugados y rimando alamedas villafranquinas para libraros un tiempo de estas pesadeces nuestras y estas cuitas provincianas que tú sabes conjurar con verso afilado y cuchillo romo de palo que nunca hiere ni busca matar. O sea, que no te has muerto. Es una broma tuya y no una ironía del destino. No has muerto, no lo creo. Si no pudo hacerlo un siglo entero, agitado, tremendo y fratricida, ¿quién habría de lograrlo?...
Fuiste por culpa del malaje de la historia un vencido que hubo de vivir entre vencedores, pero a la muerte que te pintaron en la frente la venciste tú adueñándote de la vida perra o petarda y de tus pasos pensados en tardes de lectura ermitaña y de olivetti echando humo... resistiendo con terca pasión... sobreviviendo con belleza escrita... y renaciendo en cada línea, no doblando la dignidad, trasteando a los morlacos bizcos del oficio y a los cabestros en fila que andan a codazos en la política o los dineros... y lo haces con la sutileza irónica y brillante de la inteligencia acosada... y despreciada tantas veces en estas gañanerías que propenden más a la grada que a leer ideas o silencios. Es lo que tienen las tierras con profetas: eres un lujo, pero por serlo a diario nos atrevimos a menudearte la talla, a escamotearte el honor debido y a familiarizar tu fama hasta la insolencia confianzuda.
Ahora que has hecho un amago de irte vendrán a por tí con laudes, laúdes o bandurrias; la rondalla del halago póstumo está dispuesta. Pero como sé que no te has ido, que estás y se te espera, que tienes un montón de artículos adelantados, no quiero llorar ni despedirme... y seguiré hablándote.
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El telegrama de Zapatero, ejemplo de desdichadísima sintaxis:
"Quiero trasmitiros mi más hondo pesar por el fallecimiento de Victoriano.Él ha sido, para León, el tiempo que nos hace, nuestro tiempo. El que alecciona, sin imponer, desde la inevitable memoria al futuro por construir. Su palabra irónica, incisiva a veces, siempre cultivada, sostuvo la maestría que solo lógra quien vive con profundidad.Ciudadano que, desde el desierto donde suele desterrarse a los poetas, señalaba fronteras atosigantes, pero también caminos que requerían ilusión y fuerza juvenil; ambas fueron sus principios vitales. Así llevo en mi corazón a Victoriano Crémer: agitador de conciencias que, con la inercia de la costumbre, pueden acabar atendiendo a los sueños; el activista cultural en momentos muy duros de nuestra historia, cuando toda España era una triste provincia donde los españoles no podían tomar decisiones, donde León era provincia de esa provincia.Constructor de espacios donde disentir, con la inteligencia que dialoga como guia, Crémer ha contribuido a que crezcamos, a que nos hayamos hecho adultos convirtiendo en compañero insustituible incluso a quien no comparte nuestra aventura vital. Seguirá guardando, para León, para España ese tiempo de todos, que hemos tenido la suerte de compartir tantos años.Escribir este telegrama desde la tristeza y echarle de menos es mi manera de agradecer su palabra entregada".
José Luis Rodríguez ZapateroPresidente del Gobierno